CARACTERÍSTICAS DEL SINDROME DE DOWN
Los signos y síntomas más importantes del Síndrome de
Down son:
·
Retraso mental.
·
Fisonomía característica con pliegues
epicánticos y abertura palpebral sesgada hacia arriba y afuera (pliegue de piel
en el ángulo interno del ojo) y raíz nasal deprimida.
·
Hipoplasia maxilar y del paladar que determina
la protrusión de la lengua (el hueso maxilar de la cara está poco formado y la
boca es pequeña, de modo que la lengua no cabe en ella y sale hacia afuera).
·
Anomalías internas, principalmente del corazón y
del sistema digestivo: defectos del tabique ventricular, conducto arterioso
permeable, atresia o estenosis duodenal (estrechez o falta de desarrollo de una
parte del intestino).
·
Dedos cortos con hipoplasia de la falange media del quinto
dedo (falta de desarrollo de la falange media del meñique).
·
Dermatoglifos característicos con el surco simiesco en la
palma (huella dactilar alterada con un pliegue en la palma de la mano de forma
transversal, similar al del mono).
Algunos signos son muy
frecuentes o típicos, como la hipotonía muscular, los dermatoglifos y, en
el caso de los ojos de color claro (azul-verde), las manchas de Brushfield,
unas manchas blancas pequeñas situadas de forma concéntrica en el tercio más
interno del iris (no se observan en ojos oscuros).
El retraso
mental es el signo más característico en el síndrome de Down.
Habitualmente los adultos tienen un coeficiente intelectual (CI) de 25 a 50,
pero se considera que el nivel que son capaces de alcanzar puede variar
dependiendo de los estímulos que el paciente reciba de sus familiares y de su
entorno. El CI varia durante la infancia, llega a su nivel máximo en relación
con el normal entre los 3 y los 4 años, y luego declina de forma más o menos
uniforme.
Desde el punto de
vista psicológico los pacientes con este síndrome son alegres,
obedientes, pueden tener sentido musical y no tienden a la violencia. Es
característica la marcada hipersexualidad de los pacientes.
Desde el punto de
vista bioquímico los pacientes tienen un elevado nivel de
purinas en sangre.
La fertilidad es
totalmente diferente en los dos sexos: los varones con síndrome de Down son
estériles, mientras que las mujeres son fértiles. Si una paciente con síndrome
de Down tiene hijos, las probabilidades de transmitir el trastorno a su
descendencia son del 50%, es decir, alrededor del 50% de sus hijos serán
normales, mientras que el otro 50% padecerá síndrome de Down debido a la
transmisión de un cromosoma 21 excedente.
FACTORES DE RIESGO DEL SINDROME DE DOWN
La
relación entre la edad materna y el riesgo de dar a luz un niño con síndrome de
Down está firmemente establecida: el riesgo aumenta a partir de los 32 años,
siendo la edad de mayor riesgo a partir de los 45 años.
Esta
relación entre la edad materna y la trisomía sugiere que el origen de esta
anomalía está en la meiosis materna, que explicaremos a continuación. La
trisomía 21 se origina de manera preferente en una no disyunción en la meiosis
de la madre: la fecundación se produce por la unión de un espermatozoide
paterno y un ovocito materno. Para que la célula resultante de esa unión, que dará
lugar al futuro embrión, tenga 46 cromosomas, tanto el espermatozoide como el
ovocito deben tener 23 cromosomas (23 + 23 = 46), es decir, tienen que haber
disminuido su información genética a la mitad, y esto se hace por medio de un
proceso llamado meiosis.
La
frecuencia de no disyunción aumenta correlativamente con la edad materna; en la
mujer todos los ovocitos están formados en el momento del nacimiento y algunos
de ellos se van activando en los ciclos menstruales sucesivos hasta la
menopausia. En cambio, la producción de espermatozoides es continua durante la
vida adulta del varón, lo que no significa que esté libre de que ocurra no
disyunción en sus espermatozoides. Si bien la mayor parte de las trisomias 21
suceden por una no disyunción materna, una minoría de ellas, el 20%, sucede por
una no disyunción paterna.
La
relación entre la edad materna y el riesgo de dar a luz un niño con síndrome de
Down está firmemente establecida: el riesgo aumenta a partir de los 32 años,
siendo la edad de mayor riesgo a partir de los 45 años.
Esta
relación entre la edad materna y la trisomía sugiere que el origen de esta
anomalía está en la meiosis materna, que explicaremos a continuación. La
trisomía 21 se origina de manera preferente en una no disyunción en la meiosis
de la madre: la fecundación se produce por la unión de un espermatozoide
paterno y un ovocito materno. Para que la célula resultante de esa unión, que dará
lugar al futuro embrión, tenga 46 cromosomas, tanto el espermatozoide como el
ovocito deben tener 23 cromosomas (23 + 23 = 46), es decir, tienen que haber
disminuido su información genética a la mitad, y esto se hace por medio de un
proceso llamado meiosis.
La
frecuencia de no disyunción aumenta correlativamente con la edad materna; en la
mujer todos los ovocitos están formados en el momento del nacimiento y algunos
de ellos se van activando en los ciclos menstruales sucesivos hasta la
menopausia. En cambio, la producción de espermatozoides es continua durante la
vida adulta del varón, lo que no significa que esté libre de que ocurra no
disyunción en sus espermatozoides. Si bien la mayor parte de las trisomias 21
suceden por una no disyunción materna, una minoría de ellas, el 20%, sucede por
una no disyunción paterna.
TRATAMIENTO Y DIAGNOSTICO DEL SINDROME DE DOWN
No
existe tratamiento para el síndrome de Down, salvo los programas de integración
y de educación especial dirigidos al desarrollo de las capacidades
intelectuales del niño.
La
supervivencia de los pacientes con síndrome de Down depende de la gravedad de
las malformaciones viscerales: estas malformaciones determinan el fallecimiento
de muchos de ellos en los primeros años de vida, de modo que los pacientes
mayores de cinco años tienen ya expectativas de vida razonablemente largas
(entre 50 y 60 años).
Los peligros secundarios que amenazan a los niños mayores y a
los adultos son el fácil desarrollo de leucemias (el riesgo está aumentado 20
veces respecto a lo normal) y el desarrollo de una enfermedad de Alzheimer muy
precoz.
No
existe tratamiento para el síndrome de Down, salvo los programas de integración
y de educación especial dirigidos al desarrollo de las capacidades
intelectuales del niño.
La
supervivencia de los pacientes con síndrome de Down depende de la gravedad de
las malformaciones viscerales: estas malformaciones determinan el fallecimiento
de muchos de ellos en los primeros años de vida, de modo que los pacientes
mayores de cinco años tienen ya expectativas de vida razonablemente largas
(entre 50 y 60 años).
Los peligros secundarios que amenazan a los niños mayores y a
los adultos son el fácil desarrollo de leucemias (el riesgo está aumentado 20
veces respecto a lo normal) y el desarrollo de una enfermedad de Alzheimer muy
precoz.
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